Qué significa que nos olvidemos de lo que hemos comido, según el neuropsicólogo Saul Martínez-Horta

En una época en la que crecen las enfermedades neurodegenerativas, los olvidos pueden ser motivo de preocupación. El neurólogo Saul Martínez-Horta nos tranquiliza sobre algunos de los fallos de memoria más habituales, como qué hemos comido hoy o qué estábamos haciendo hace un momento.

Pablo Cubí
Pablo Cubí del Amo

Periodista

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Mujer pensando

Los pequeños olvidos, aunque sean habituales, no significa que debamos preocuparnos.

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A lo largo del día nos bombardea un sinfín de informaciones. Algunas las procesamos y otras no, a pesar de que, en teoría las hemos percibido con los sentidos. Por ejemplo, difícilmente vas a recordar todas las caras con las que te has cruzado en la calle. Ni siquiera la mayoría.

Esta memoria selectiva es una de las características de nuestro cerebro. El cerebro consume mucha energía al procesar la información. Si cree que algo no es importante, no lo procesa o lo olvida al momento para priorizar en detalle eventos importantes o experiencias que sí nos han impactado emocionalmente.

A veces, esos olvidos pueden sorprendernos. En un momento que las enfermedades neurodegenerativas, como el alzhéimer, están tan presentes, es normal que nos preocupe cuando olvidamos cosas que creemos muy presentes y cercanas. ¿Dónde he dejado las llaves? ¿Qué he comido hoy? ¿Qué he venido a hacer a esta habitación? El doctor Saul Martínez-Horta, neuropsicólogo, explica los motivos de estos olvidos, casi siempre benignos.

Por qué te olvidas de lo que comes

Nuestro cerebro trabaja la información y la almacena de diversas maneras. Hay dos tipos de memoria que destacan:

  • La memoria episódica: almacena las experiencias, pero si son novedosas o nos causan un impacto emocional.
  • La memoria procedural: registra hábitos y actividades que hacemos de modo rutinario. Muchos comportamientos diarios, como el trayecto al trabajo o comer ciertos alimentos, se realizan de forma automática sin un recuerdo consciente.

Esto último explica por qué a veces llegas a casa pensando en tus cosas y sin haber sido consciente del trayecto. O no puedes recordar qué había hoy para comer. No es que no se haya almacenado, simplemente lo hace de manera menos precisa o lo olvidas rápidamente.

Si no hablas de lo que estás comiendo, es fácil olvidarlo, y ya no digamos si mientras comes miras pantallas o estás distraído con otra cosa. El hecho de no recordar lo que comemos no es indicativo de pérdida de memoria o disfunción neurológica. Al contrario, es señal de que el cerebro funciona de forma eficiente.

¿Y si no recuerdo qué estaba haciendo?

La memoria procedural está también detrás de muchos otros despistes. Por ejemplo, no saber dónde he puesto las llaves de casa, si pensando en otra cosa no las dejo en el sitio de siempre. “No lo he olvidado es que no he prestado atención”, apunta el doctor Martínez-Horta.

El caso de no recordar lo que estabas haciendo hace un segundo o lo que ibas a hacer al entrar en una habitación es diferente. Estos casos suelen ocurrir cuando nos sobrepasan las tareas y obligaciones pendientes. Si estamos en mil cosas, es fácil que momentáneamente no tengamos claro cuál de las mil hemos hecho la última.

Mujer buscando llaves

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En el caso de no saber qué íbamos a hacer al entrar en una habitación entra en juego otro tipo de memoria, la memoria prospectiva. Como explica el neuropsicólogo en su libro ‘¿Dónde están las llaves?’, la memoria prospectiva conserva los recuerdos de intenciones a futuro.

La sobrecarga de trabajo hace que el cerebro no retenga lo que teníamos pesado hacer a continuación y tengamos que volver sobre nuestros pasos para recapitular el orden de los últimos pensamientos.

Cuándo tenemos que preocuparnos

Este tipo de olvidos pueden ser frustrantes y es normal que nos preocupen, pese a no haber motivo. Hemos de ser conscientes de ellos y del grado de estrés que llevamos. Quizá poner algo más de concentración en el aquí y ahora, como al practicar mindfulness, puede ser útil. Hay algunos trucos que también pueden ayudarte.

El doctor Martínez-Horta considera que la preocupación debería surgir cuando estos olvidos se vuelven persistentes y empiezan a afectar la calidad de vida.

“Hay que diferenciar olvidos esporádicos, incluso habituales, de olvidos sistemáticos”, apunta el neurólogo. Si se empieza a notar dificultad en detalles importantes o se observa que estos episodios interfieren en la autonomía personal “es un indicativo de que algo podría estar afectando a la función cognitiva”.

Aunque no hay una edad límite estricta, el experto recomienda estar especialmente atentos a partir de los 60 años. Y no ponernos en lo peor, porque hay otras diversas patologías que provocan desmemoria y que no son solo las enfermedades neurodegenerativas irreversibles.

Sobre todo, recuerda el doctor, lo importante es la funcionalidad: si se percibe un deterioro notable, independientemente de la edad, es aconsejable buscar asesoramiento profesional.