En España se calcula que entre un 20% y un 40% de la población ya es intolerante a la lactosa. Es una cifra que ha ido en aumento a medida que este trastorno se ha hecho más conocido, puesto que hasta ahora un gran número de personas no están bien diagnosticadas. Los síntomas son muy parecidos a otros problemas digestivos y no se manifiestan en todas las personas por igual.
Esta mayor concienciación no solo ha permitido un mayor diagnóstico. También la industria alimentaria ha aumentado de modo muy significativo los productos específicos para este colectivo. Y como el fin último de esta industria es vender, sus campañas se han centrado no solo en destacar que no tienen lactosa, sino en lo sana, ligera y digestiva que es su leche y otros productos derivados.
El resultado es que mucha gente sin ningún problema para digerir la lactosa se ha pasado a productos sin lactosa pensando que le hacían un bien a su estómago y a su digestión. Eso, si te gustan y te sientan bien, es un sinsentido.
Por qué debemos tomar la leche normal
“Únicamente las personas con intolerancia deberían tomar leche sin lactosa”, nos avisa la nutricionista Patricia Martínez, miembro de la Academia Española de Nutrición y Dietética.
La lactosa es un azúcar. Las personas que no son intolerantes lo digieren sin problemas gracias a la enzima lactasa, que se encuentra en el intestino delgado. Esta enzima descompone la lactosas en sus dos partes, glucosa y galactosa, que luego son digeridas y utilizadas como energía para las células.
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La presencia de la lactosa en la leche tiene varios efectos positivos:
- Desde el punto de vista gustativo le da un cierto sabor dulce que la hace más apetecible.
- En la microbiota (nuestras bacterias beneficiosas) puede tener efectos benéficos para la salud intestinal.
- En el aspecto nutricional, no únicamente aporta energía necesaria para mantener nuestras funciones físicas. “La lactosa ayuda a absorber el calcio, el magnesio y el fósforo que proporciona la leche, y además contribuye a que utilicemos mejor la vitamina D”, enumera la nutricionista Martínez.
Puedes acabar creando intolerancia
De todas formas, no deja de ser un tema controvertido. Hay varios estudios, como el que llevó a cabo el equipo del doctor William Tremaine, en la Clínica Mayo, que no vieron diferencias significativas en la absorción del calcio por parte de las personas intolerantes a la lactosa. Eso es así porque otros componentes de la leche, como las proteínas, también pueden ayudar a la absorción.
Hay otro factor que lleva a no dejar de tomar productos con lactosa. “Se sospecha que si dejamos de tomar lactosa, podemos terminar por no generar lactasa y acabar convirtiéndonos en intolerantes”, avisa la nutricionista Martínez.
“No hay evidencia científica al respecto”, matiza, pero es una suposición muy extendida. Lo ha corroborado la doctora Elena Sierra, alergóloga del Hospital Quirónsalud de Madrid:
“La producción de lactasa en el intestino depende y se adapta al consumo habitual de lactosa”. Si pasamos un periodo muy largo sin darle lactosa, “el intestino entiende que no hay necesidad y deja de producir lactasa”.
Niños y mujeres en la menopausia
Esta advertencia es especialmente importante para los padres, ya que si se deja de dar leche con lactosa a los niños pueden crear intolerancia a muy corta edad.
“Puede afectar a la fijación del calcio en los huesos y provocar un déficit en el crecimiento”, explicaba la doctora Sierra. Si hay dudas sobre si les va a sentar bien o mal la lactosa, lo primero es consultar con el pediatra antes de retirar un producto.
También las mujeres en la época de la premenopausia y la menopausia han de ser especialmente cuidadosas. Como sabes, los cambios hormonales hace que se pierda la capacidad de absorción del calcio.
“En estas etapas algunas mujeres optan por la leche sin lactosa porque quieren adelgazar o tener unas digestiones más ligeras. Lo último que hay que hacer es eliminar este alimento sin más”, zanja la dietista Martínez.