Nanda Carvalho, especialista en salud digestiva: “El mejor momento para consumir azúcar es después de una comida principal, como postre"

Los dulces no producen el mismo efecto en nuestro cuerpo por la mañana que por la tarde o noche. Podemos darnos un capricho sin que se nos dispare el azúcar en sangre y encima saborearlo mejor. Es lo que explica la terapeuta y especialista en digestión Nanda Carvalho.

Pablo Cubí
Pablo Cubí del Amo

Periodista

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chica con chocolate

No importa tanto el comer un capricho dulce como la hora en la que lo tomas.

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La hora en la que comes importa. La relación entre el momento del día en que consumimos un alimento y cómo nuestro cuerpo lo procesa ha sido ampliamente estudiada. Tenemos un reloj biológico, ajustado a lo largo de miles de años de evolución y que marca pautas.

En el caso de la bollería y los dulces es especialmente significativo, porque tienen un impacto mayor por los niveles de glucosa que pueden llegar a provocar. No se trata de prohibirlos tajantemente, como pregonan algunos nutricionistas. La clave es escoger el momento adecuado.

Es lo que propone la terapeuta Nanda Carvalho, especializada en salud digestiva y medicina asiática. Explica que lo típico es tomar una pasta, unas galletas o un dónut a primera hora de la mañana. “Lo que muchas personas no sabe es que comer azúcar en ayunas puede disparar los niveles de glucosa en sangre”, dice.

Por qué importa la hora de comer

Su afirmación ha sido ampliamente avalada por diversos estudios científicos. En concreto, uno realizado por la Universidad de Murcia en colaboración con investigadores otras universidades, incluida Harvard, encontró que el momento del día en el que se come o se realiza ejercicio influye en la acumulación de grasa y en la eficacia con la que se metaboliza y se convierte en energía.

Ansiedad dulce

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Así, vieron que las células de los tejidos grasos tienen su propio reloj. No procesan igual los dulces por la noche, porque el cuerpo tiene peor sensibilidad a la insulina, que es la hormona que se encarga de transportarles el azúcar en sangre.

También comprobaron que este reloj funciona mucho mejor en las personas que se acuestan temprano y tienen un sueño reparador. Por la mañana están más preparadas para asimilar el azúcar. Por eso este estudio aboga por tomar los dulces por la mañana o a mediodía.

Lo que no conviene es hacerlo recién levantado en ayunas. “Cuando consumes un dulce en ayunas, el azúcar entra rápidamente en el torrente sanguíneo, lo que provoca un pico de glucosa”, explica Carvalho. Además, baja igual de rápido, dejándote con ganas de más antojos.

El mejor momento para el dulce

¿No es contradictorio que aconsejen tomar dulces por la mañana y no en ayunas? Pues no. El matiz está en que el dulce no ha de ser lo primero que comas.

Esta terapeuta propone que para desayunar tomemos alimentos con fibra, como verduras, y grasas saludables. Un ejemplo perfecto sería una tostada de pan integral con aguacate, o de tomate y aceite de oliva.

Entonces podemos comer el dulce sin remordimiento. El cuerpo ya tiene otros nutrientes que ayudan a amortiguar la absorción rápida del azúcar. Por tanto, no hay nada malo en acabar el desayuno con un dulce, pero no empezarlo.

De todas formas, no es la mejor hora que propone Carvalho. “El mejor momento para consumir azúcar es después de una comida principal, como postre. Así, el impacto del dulce en tu cuerpo será mucho menor, ya que la comida ya habrá comenzado a digerirse y la glucosa se liberará de manera más gradual, sin causar un pico tan abrupto”, asegura.

Lo saborearás mucho más

Según esta terapeuta, no es solo que nos sentará mejor, sino que también lo saborearás mejor que con las prisas de la mañana. El dulce después de una comida, en la que ya estás satisfecho, hace que el cuerpo produzca más dopamina, la hormona del bienestar. No lo has comida tanto por hambre como para disfrutarlo.

De todas formas, recuerda que el consumo de alimentos con mucha azúcar nunca debe ser lo habitual en nuestra dieta. Es un pequeño capricho no una rutina. Carvalho ofrece otras ideas para que ese dulce tenga el menor impacto posible en nuestra salud:

  • Opta por versiones más saludables: si quieres chocolate, que no sea con azúcar, sino como mínimo cacao al 70%. Los frutos secos o unos dátiles son mejor opción que un pastel. Y si es pastel, mejor casero que comprado.
  • Toma porciones pequeñas: la moderación es la clave. No se trata de zampar, sino disfrutar de cada pequeño bocado como la delicia que es.
  • Haz ejercicio: si te mantienes activo quemarás rápidamente el azúcar que acabas de consumir y no se acumulará en forma de grasa.