Olvídate de si has de seguir determinada dieta, has de hacer tantos pasos o ir determinados días al gimnasio. Cuando se trata de mantener el peso la operación es muy sencilla: no puedes comer más de la energía que gastas. Todo eso de más que no utilizas, se convierte en tejido graso.
“Si te gusta comer o te tienta un capricho dulce, no hay problema. Basta que luego hagas más ejercicio y lo quemes”, nos explica el doctor Josep Brugada, cardiólogo del Hospital Clínic de Barcelona. No obstante, más allá de esta regla sencilla e importante hay ciertas particularidades.
No somos robots. El cuerpo y el metabolismo nos va cambiando y no quemamos con igual eficacia a lo largo de toda la vida. Es sabido que el periodo menopáusico de la mujer es especialmente complicado en cuanto a conseguir evitar el sobrepeso y la acumulación de grasa. Pero hay otros factores menos conocidos que también pueden llevarnos a descontrolar el peso.
Cambios de los que no eres consciente
Son casos que los nutricionistas encuentran con relativa frecuencia. Mantienes una buena dieta, o al menos no has cambiado la que ya seguías, y crees hacer suficiente ejercicio. Con todo, estás notando que has empezado a engordar y no ves ninguna explicación.
"Lo más seguro es que haya algo en tu vida que ha cambiado lo suficiente como para marcar la diferencia, pero no tanto como para que puedas darte cuenta", ha asegurado la doctora Alexandra Sowa, especialista en obesidad de la Universidad de Nueva York.
Hay algunos motivos que pueden estar detrás. Motivos de los que quizá sí has oído hablar, porque son bastante conocidos. Uno de los más habituales es el cambio en el horario de las comidas. Cada vez hay más insistencia en que no cenemos mucho y no lo hagamos muy tarde. Como máximo debemos haber acabado dos horas antes de irnos a dormir.
Una investigación en 2017 a un amplio grupo de estudiantes realizada en el Hospital Brigham Y Women’s (el segundo centro médico de Harvard) confirmó que los que cenaban más tarde acumulaban más grasa corporal.
Dos causas que engordan poco conocidas
¿Y si mantengo mis rutinas? “Sí, lo veo constantemente, vas al médico y notas que has subido 4 o 5 kilos”, ha comentado la doctora Sowa, que ha compartido otros motivos, menos conocidos por los que pasa.
- El estrés y el cansancio. Las hormonas del estrés, como el cortisol, hacen que aumente el hambre y sobre todo la necesidad de antojos calóricos. “El estrés y la falta de sueño pueden provocar un seguido de cambios hormonales que alteran el metabolismo”, advierte la doctora Sowa. También afecta a la hormona leptina, que interviene en la sensación de saciedad.
- Las pastillas de la alergia. En plena época de alergias, como es la primavera (aunque cada vez se ha extendido más a otros meses) hay que advertir que los antihistamínicos no son inocuos. Estos medicamentos para frenar los efectos de la alergia pueden hacer que comas más. Los especialistas no están seguros del porqué. Se cree que las histaminas, unos químicos producidos por el sistema inmunitario y que actúan en los ataques de alergia, influyen en el control del apetito.
La falsa sensación de comida sana
Un tercer posible error del que no somos conscientes es la sensación de que comes sano y equilibrado cuando no lo es tanto. Se puede producir por dos motivos.
- Las porciones excesivas. Una investigación de la Universidad de Liverpool comprobó que si te obsesionas con la comida sana y no prestas atención a las cantidades acabas engordando igual. Es lo que se conoce como el síndrome de la vaca. Las vacas solo comen hierba, pero ve al campo y mira lo gorditas que están. El motivo es que se pasan el día comiendo.
- La falsa ensalada. Otro error común es creer que por poner lechuga y tomate en un plato hay vía libre para añadir cualquier otra cosa porque es ensalada. Así vemos “ensaladas” llenas de queso, trocitos de jamón, biscotes en cuadraditos y un largo etcétera de ingredientes que no son ni vegetales ni ligeros.
Analizando todos estos factores, puede que descubras por qué estás engordando. La buena noticia es que la regla que decíamos al principio sigue vigente. Ponte a hacer ejercicio sin pereza y equilibrarás lo que puedas comer de más por esos otros motivos.