El amor es el motor del mundo. Es tanto un impulso ancestral como un sentimiento emocional profundo. Se ha analizado de muchas maneras, tanto desde el plano psicológico como biológico y neuroquímico. La realidad es que, pese a ser un fenómeno tan común, no todos lo experimentamos de la misma manera.
Una de las personas que mejor lo ha analizado es la neurobióloga y antropóloga Helen Fisher, autora de ´Por qué amamos: naturaleza y química del amor romántico’. Fisher fue, hasta su fallecimiento por cáncer el pasado 2024, de las mejores divulgadoras de cómo el cerebro procesa el amor.
Utilizó escáneres para analizar cómo interactúan nuestras neuronas. También exploró cómo las hormonas neurotransmisoras juegan un papel crucial. A partir de sus observaciones desarrolló una teoría basada en que “el amor deriva de tres circuitos cerebrales”.
Los tres circuitos cerebrales del amor
Helen explicó en una conferencia en España, que puedes recuperar en redes sociales, lo más importante de su teoría y las repercusiones que tiene cada uno de los tres circuitos cerebrales que se activa:
- El deseo sexual: es la lujuria, la libido o impulso que nos motiva a buscar pareja.
- El amor romántico: es el amor intenso que nos lleva a enfocarnos en una persona específica. Conlleva una implicación emocional profunda. “Uno de los principales rasgos es ser posesivo o posesiva, no te gusta compartir”, explicaba la profesora Fisher.
- El apego: los sentimientos profundos de unión y compromiso a largo plazo. Es el tipo de amor que se da en familia o que permite a un matrimonio durar más allá de los primeros años.
Cuando sentimos amor, el cerebro libera un cóctel de sustancias químicas, las hormonas neurotransmisoras, incluyendo oxitocina (apego), serotonina (que explicaría por qué pensamos obsesivamente en el otro), dopamina (la euforia del inicio de la relación) y adrenalina (las cosquillas y taquicardias al ver la pareja).
Todo este cóctel baja, porque es imposible mantener siempre estos altos niveles hormonales, aunque siguen presentes o reaparecen. Es cuando el amor entra en una fase más calmada.
El error del poliamor
“Cuando alguien me dice que está enamorado de dos o tres personas creo que no sabe lo que significa estar enamorado”, aseguraba la profesora Fisher. A su entender el poliamor no es una forma factible de amor.
Se trata más bien de un tipo de adulterio. La diferencia con el adúltero es que en el caso del poliamor es transparente. Se portan como adultos con respeto. “Creo que es difícil porque el animal humano es celoso”, añadía.
Precisamente esa es una de las distinciones que aporta uno de los verdaderos amores, el amor romántico. “Algo básico del amor romántico son los celos”.
“En realidad los que llevan una vida poliamorosa lo llevan difícil. No son poliamorosos toda la vida, el cerebro no está construido para eso”, añadía la experta.
Los celos sanos e insanos
El tema de los celos es especialmente significativo. La profesora Fisher lo establecía como algo natural al que no nos podemos desligar si estamos realmente enamorados. Habla de unos celos entendibles y mentalmente sanos. Es decir, sin que suponga obsesionarse ni limitar la vida de la pareja.
Los celos nacen del hecho de que nuestros antepasados machos en las cavernas no podían tener la seguridad de que su genética sería transmitida, si su pareja tenían varias relaciones. A su vez, en las hembras se buscaba garantizar la seguridad en el cuidado de la descendencia. Cientos de generaciones después y pese a los cambios sociales, estos rasgos se mantienen.
La psicóloga María Esclapez es más tajante. En su opinión los celos no son amor, porque “ante los celos hay miedo y hay ira”. Has de preguntarte ante qué estás reaccionando, a qué tienen miedo y a qué tienes ira.
Esclapez no cree que sentir celos esté ni bien ni mal. “Los celos son una emoción y las emociones no están ni bien ni mal, llegan y hay que ayudarlas a irse sobre todo si nos generan malestar”, ha explicado.
Es importante comentarlo con la pareja. La otra persona no se puede sentir atacada, porque entonces no estamos gestionando los celos bien. Se ha de hablar para ver el punto de vista de cada uno y poder acordar cómo gestionarlo. Así se sigue siendo un equipo y el amor sigue siendo fuerte.