La felicidad es una de las primeras emociones que experimentamos desde edad temprana. Aparentemente, es un concepto sencillo que todos queremos alcanzar, aunque su búsqueda a veces se vea opacada por otras emociones. En general, la felicidad es un objetivo universal y son numerosos los estudios e investigaciones que intentan averiguar qué es lo que realmente nos hace felices.
A día de hoy, los neurólogos no han conseguido explicar plenamente todos los mecanismos que ocurren en nuestro cerebro para llevarnos a la felicidad. Porque sí, este sentimiento parte principalmente de nuestra mente. Si te han interesado estos temas previamente, es probable que ya sepas que hay una serie de hormonas que segregamos, como la oxitocina, y que nuestro cerebro interpreta como una sensación placentera de plenitud y bienestar. Ahora bien, ¿qué hace que nuestro sistema libere estas hormonas de la felicidad?
¿Dónde radica la felicidad?
Nuestra mente sigue siendo un misterio incluso para los neurólogos. Los expertos analizan nuestras reacciones en los momentos de felicidad, pero nunca es como el resultado de una operación matemática. Cada persona es un mundo y la felicidad es subjetiva.
Poco a poco parece que el secreto de la felicidad en nuestra mente apunta hacia una región situada en el centro del cerebro y llamada estriado ventral, según los neurólogos. Un estudio descubrió que las personas con mayor actividad en el estriado ventral mostraban también niveles más altos de bienestar psicológico y niveles más bajos de cortisol, la hormona del estrés.
El camino más prometedor es que el cerebro es muy adaptable. Se reconfigura constantemente. Las experiencias pueden remodelarlo. Y esto es una buena noticia porque aparecen nuevas conexiones neuronales, algunas positivas y otras que refuerzan aspectos negativos. Con esta perspectiva, los neurocientíficos centran sus esfuerzos en cómo podemos aprovechar esta plasticidad del cerebro para que cada vez tengamos más emociones positivas, reduciendo dentro de lo posible las negativas.
Lo que está demostrado es que un cerebro feliz es igual a una buena salud. La relación entre bienestar y felicidad conlleva un menor riesgo de enfermedades como las cardiovasculares o envejecimiento celular, y esto está demostrado en varios estudios.
RECOMENDACIONES PARA SER MÁS FELIZ
El doctor Richard Davidson, un neurólogo de la Universidad de Wisconsin-Madison analizó a numerosas personas que se autocalificaban como mayoritariamente felices. Tras el estudio, el experto confirmó, de la misma forma que lo hicieron otros expertos, que la felicidad es una habilidad que se puede aprender y mejorar con la práctica.
Para mejorar la felicidad, Davidson extrajo 3 claves fundamentales para lograrlo:
- Practicar la gratitud. Cuanto más seas agradecido con aquellos que te tratan bien, más feliz te sentirás. Una práctica cada vez más común es apuntar cada noche algo por lo que estás agradecido, ya que está demostrado que aumenta el bienestar emocional.
- Socializar. Interactuar y pasar tiempo con tus seres queridos aumenta los niveles de felicidad.
- Meditar. La meditación puede cambiar la estructura y función del cerebro. Según el neurólogo, las personas que meditan de manera frecuente tienen más actividad en la corteza prefrontal, otra de las zonas del cerebro asociadas con las emociones positivas.
LAS CLAVES PARA AUMENTAR LAS HORMONAS DE LA FELICIDAD
Para aumentar la felicidad, uno de los propósitos es segregar más hormonas del bienestar, como la oxitocina. Estos son algunos de los hábitos que pueden ayudarte:
- Abrazar más. De todas las maneras posibles que hay de segregar oxitocina, abrazar o tener sexo son algunas de las más eficaces. Y no es necesario siempre una pareja. Acariciar una mascota, por ejemplo, también segrega oxitocina.
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- Hacer deporte. El ejercicio aeróbico provoca endorfinas, una gran fuente de placer. También las provocan las carcajadas o tomar chocolate negro.
- Encuentra una afición. Los logros disparan la dopamina, otra de las hormonas que nos crean bienestar. Algo tan sencillo como leer o escuchar música te llenan de felicidad.
- Pasar tiempo en la naturaleza. Exponerse con protección a los rayos del sol o pasear por el campo consigue segregar mucha serotonina (otra fuente de bienestar).
NO PUEDES SER FELIZ A TODAS HORAS
Es importante entender que la felicidad es pasajera. Es la clave para disfrutarla al máximo cuando llega. Aunque resulte extraño, de todo llegamos a cansarnos, incluso de la felicidad. Si estamos en permanente estado de felicidad acabamos por no diferenciarla. Los neurólogos nos dejan claro que lo deseable es una felicidad frecuente.
Lo que pasa en muchas ocasiones es que acabamos tergiversando un estado temporal con un deseo de permanencia. Decimos que queremos ser felices, que somos felices. Sin embargo, no decimos que somos tristes, sino que estamos tristes. La gran lección es que las emociones son estados que dejaremos pasar para volver a redescubrir esta emoción más adelante, y así disfrutarla en su plenitud.